De entre la gran cantidad de nuevos productos que el siglo trajo consigo, surgió un nuevo medio de pintura:
EL MEDIO ACRÍLICO.
Este material elástico y flexible, que en su portabilidad y flexibilidad asemeja al óleo, tiene algunas ventajas que el óleo no posee. Entre estas ventajas encontramos su fluidez, rapidez de secado y la posibilidad de pintar con densos impastos y cargas de forma veloz.
El primer pintor que utilizó la pintura acrílica fue el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros. Es gracias a él y los cursos que impartió en Nueva York que algunos de los pintores posteriormente llamados expresionistas abstractos supieron de esta técnica y de distintas formas de aplicarla. De hecho, los famosos drippings y el action painting de Pollock surgieron, de acuerdo con las investigaciones de la especialista Irene Herner, de la técnica de este muralista mexicano, pues fue de él de quien Pollock los aprendió. Fue precisamente a partir de una técnica a la que Siqueiros llamaba «el accidente controlado» que Pollock desarrolló su estilo.

Jackson Pollock
El acrílico fue afin a los pintores jóvenes del siglo XX debido a que, en gran medida, el medio era congruente con elementos de su nueva forma de vida: el dinamismo de las grandes ciudades, la producción en serie de las fábricas y la velocidad a la que viajaba la información gracias a las telecomunicaciones, los autos y los aviones.
El rápido tiempo de secado del acrílico se adaptaba a la nueva y veloz forma de vida, nunca antes experimentada. De este modo, el acrílico brindó a muchos pintores el dinamismo para expresar este nuevo paradigma histórico, junto con una gran libertad creativa y estética que permitía manifestaciones plásticas de resultados y secados inmediatos.
Este nuevo material dio vida a técnicas como los drippings de Pollock, los brochazos de Motherwell, la serigrafía de Warhol y tantas otras técnicas que necesitaban estas características. El acrílico les dio a muchos la posibilidad de tener en sus cuadros comienzos rápidos, finales rápidos y secado rápido, permitiendo agilidad al inmediatamente poder colgar el cuadro y venderlo, como en el caso de la fábrica de Warhol.

Keith Haring
En Argentina, su uso se generalizó en el circuito artístico durante los años 60 y 70, ligado a los movimientos de abstracción geométrica y arte óptico que florecieron en esa época.
Otros artistas argentinos de esa generación —como Rogelio Polesello, Josefina Robirosa o Julio Le Parc— también experimentaron con nuevos materiales en ese período.

Rogelio Polesello, acrílico sobre tela

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